El árbol que da Vida

Hay una vivencia de una madre que conocí en los talleres que  para mi es muy conmovedora y quiero explicar. Sin entrar en los detalles de su infancia, ella explicaba con un sentimiento endurecido, que no se sintió nunca hija. La realidad que vivió fue la de unos padres que le empujaron desde niña a ganarse la vida y a sobrevivir en la calle  por lo que nunca sintió el cobijo seguro y amable de alguien que le guiaba en su crecimiento ni sintió la pertenencia a un hogar. Es curioso como en toda persona existe un anhelo por encontrarse con el Amor, un sentimiento de inconformismo al sinsentido de la vida que impulsa a salir en su búsqueda a pesar de no haberlo experimentado ni en la niñez. ¿Y cómo buscar algo que no conoces?

La experiencia nos enseña que cada uno busca el bien y el amor como puede, con los recursos que tiene y la suerte que le presenta la Vida. Y con este bagaje de suerte y recursos va ordenando y construyendo  sentimientos, pensamientos, creencias, actitudes y comportamientos.

En el taller de padres/madres en la que ella participaba, hicimos una dinámica que consistía en representar a través de un dibujo la propia familia para después identificar aquellas personas o experiencias que les alentaron (las perlas) y aquellas personas o experiencias que les desalentaron o cambiaron el curso  (piedras).

La palabra familia cada uno la interpreta según su vivencia y experiencia: algunos dibujan todo su sistema familiar incluyendo abuelos, hermanos; otros representan su familia de origen; otros la familia que han formado ellos como padres; la forma de representarla también es distinta: unos dibujan solo cabezas, otros el cuerpo esquemáticamente; otros a modo de árbol genealógico. Cada dibujo transmite mucho sobre la forma en que ellos entienden y viven la familia.

A mi me llamó la atención el dibujo de esta madre. Ella dibujó un árbol: en las raíces situó a sus hijos, en el tronco se sitúo ella y en la ramas a otros familiares. Para ella, el sentido de su vida, lo que le daba fuerzas y le sustentaba eran los hijos situados en las raíces de este árbol que era su familia. En las ramas, como accesorios estaban sus padres y tíos, que por otro lado eran el peso que tenía que sostener.

La experiencia de talleres en el centro penitenciario suele ser esta: los hijos son el sustento de sus vidas. Esta es una realidad perfectamente comprensible y en este momento de la vida hasta es útil y necesaria para seguir sobreviviendo. No obstante, mirando a largo plazo, es un planteamiento difícil de sostener y dañino para las personas. Esto hace que muchas veces se inviertan los papeles: el hijo es el que da apoyo emocional al padre/madre y se le transfieren expectativas y roles que los hijos no pueden ni deben sostener.

Durante estos años como educadora y facilitadora de talleres para padres/madres he compartido muchas experiencias de vida y he visto con claridad que los Amores (y relaciones) tienen un orden y jerarquía que dibujan los límites naturales necesarios para dar seguridad al crecimiento de los hijos que van llegando.

Detectar esos desórdenes y ordenar esos amores y esas relaciones es una parte importante en estos talleres y son básicos para  trabajar las funciones emocionales y roles del padre/madre.

¿Y cuál es ese orden que da Vida y ayuda a crecer?

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