Historia de vida (4)

Dani es un muchacho con una familia que le ha arropado como ha podido. Segundo hijo de una familia de seis hermanos, llegó a la adolescencia con unas pautas educativas poco coherentes y constantes. Metido en un ambiente de diversión y droga, tuvo un hijo cuando emocionalmente todavía era un niño. La pareja quiso hacerse cargo del niño pero la inestabilidad provocada por el consumo de las drogas hizo que su pareja se separara, no sin un fuerte dolor. Y a David le cayó una condena larga.

Empezó los talleres de padres sin aceptar del todo la separación de la pareja y con un rol de padre que se confundía todavía con el rol de hijo.

David estuvo varios años con nosotros voluntariamente en el taller de padres: necesitaba un espacio donde hablar y posicionarse adecuadamente ante su hijo, aprender nuevas formas de relacionarse con él, entender mejor sus necesidades. Ponerse en el punto de vista de su hijo le ha ayudado a crecer, a conocerse y a asumir mejor el rol de padre.  

Historia de vida (3)

Angélica vino de Brasil en busca de una vida mejor. De niña vivía en la calle. De ella obtenía el sustento para vivir. Angélica, aunque sabía quiénes eran sus padres, nunca cultivó una relación filial. Aun así, en si su corazón latía esas ansias de gozar de un hogar: aunque yo no lo he tenido, quiero experimentarlo y formar uno. Viendo que estaba atrapada en un modo de vida sin sentido, emigró a España en cuanto pudo. Aquí tuvo un hijo de un hombre cuya familia la utilizaba para negocios delictivos. Dándose cuenta que volvía a estar atrapada por una situación similar,  al cabo de unos años escapó dejando atrás hijo, pareja y documentación y se entregó a la policía.

Empezó a asistir a los talleres de padres con una gran receptividad, con la ilusión de ordenar sus experiencias y buscar la manera de conectar afectivamente con su hijo. Ahora Angélica tiene que construir su maternidad sobre la base de unas carencias afectivas importantes pero está dispuesta a ello. Necesitará mucha ayuda y, sin duda, el apoyo en su maternidad será crucial en ella.

Historias de vida (2)

Yago había vivido toda su infancia en centros tutelados. Conocía al dedillo cómo adaptarse en ellos y cómo conseguir sus intereses sin que el funcionamiento del centro le afectase demasiado. Tenía padre y madre pero no fueron para él una referencia de acogida sino solamente una referencia de autoridad. Al cumplir la mayoría de edad, huérfano de una relación amorosa, buscó la forma de ganarse la vida tal como él la había aprendido. Las drogas fueron el objeto de su negocio. Sin llegar a drogarse o ejerciendo suficiente autocontrol sobre su consumo, consiguió vivir, alquilar una casa, compartirla con una mujer (que sí necesitaba la droga para vivir) y dos hijos ahora adolescentes a los que hacía muchos años que no veía. Aun así, según explicaba, él seguía sustentando económicamente a su familia.

Empezó a asistir a los talleres de padres en prisión. Duro y descreído al principio empezó a abrir su corazón al remover ciertas experiencias en la infancia. Empezó a modularse a sí mismo, a removerse por dentro y a permitirse ser algo más vulnerable. Esto le ayudó a empatizar con sus hijos y sus necesidades, a buscar estrategias de conexión con ellos y a desplegar un montón de habilidades que disponía. Tenía talento en la elaboración de trabajos manuales, como juguetes o cajas de música. Todo lo quería poner al servicio de sus hijos. Esto fue sólo el inicio y aunque queda un largo recorrido por hacer, con los talleres para padres dimos el primer paso: mirarse con cariño a si mismo, interpretar su historia de vida, amarse y  perdonarse.

Historias de vida (1)

Juan tenía una condena de muchos años. Había dejado  en Nicaragua a su familia, a su mujer y a una niña de 4 años. Calculaba que con los años que le quedaban de condena, no volvería a ver a su hija hasta que ésta tuviese 10 años. Cada semana hablaba con ella por teléfono, según el tiempo que el centro penitenciario le permitía. Día tras día, la niña le preguntaba a su papá cuándo volvería, cuando le podría ver, por qué no le llamaba más a menudo.  Y su padre le contestaba que estaba en un barco, que le era muy difícil comunicarse con ella.

Este padre vivía la situación con gran sufrimiento: él tenía una condena que cumplir, pero su sentimiento hacia su hija y familia eran claros. Ahora se daba cuenta del daño que les había causado.  ¿Tenía que abandonar su rol de padre?¿su hija y su mujer, ya no le merecían?

Los talleres de padres en prisión le ayudaron a ordenar la realidad que vivía, a conectar con el sufrimiento de su familia; a empatizar con las necesidades de su hija, a rescatar su rol de padre. Y ese mundo que despertamos en él le llevó  a construir desde sus dificultades y su circunstancia nuevos puentes con su hija, a construir la relación desde su realidad.

No olvidaremos la alegría que expresaba cuando pudo hacer frente a su realidad desde la honestidad emocional con su hija.